El cerebro siempre te obedece

Por Theo Laurendon

El cerebro tiene una sola función: ayudarte. Está, literalmente, a tus ordenes.
Y la plataforma a través de la cual le mandamos órdenes es nuestra mente.
Por lo tanto, si piensas de forma borrosa, tu cerebro se va a programar para generar falta de claridad, indecisión y confusión. Si piensas en una cosa que tienes que hacer y no te apetece, y lo haces con pensamientos sin colores ni movimiento (de ahí viene la sensación de que esto va a ser “eterno” y “pesado”) le estás diciendo a tu cerebro: “quiero que te prepares para vivir un momento muy desagradable”. Enseguida el cerebro se pone manos a la obra: va a prepararse, modificar la química cerebral, para que tu estés listo o lista para vivir las cosas tal como las pediste.
El cerebro no discierne si está bien o mal. No te va a aconsejar sobre la mejor forma de hacer las cosas. Él te quiere ayudar y obedecer, punto. Es como el genio de la lámpara de Aladino, con la diferencia que nosotros no tenemos un número límite de deseos: todo lo que pensamos lo podemos conseguir (siempre y cuando sea realista el deseo, claro) durante toda nuestra vida.
Moldeamos constantemente nuestra realidad interior y exterior.

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